S?bado, 05 de junio de 2010
Publicado por prk @ 17:50  | Carpeta de apuntes
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Texto: Michael Ende en Carpeta de apuntes
Imagen: El evangelio de Judas




Hace unos treinta a?os le? a fondo los Libros azules de August Strindberg. Hay en ellos, con el t?tulo de ?Una carta del pu?o y letra de Cristo?, un breve pasaje en el que Strindberg sale al paso de la opini?n de los historiadores, que afirman que Jes?s no dej? nada escrito de su mano. Eso ?as? explica su desacuerdo- no puede ser verdad, pues el padre de la Iglesia, San Eusebio (siglo III) afirma en uno de sus escritos que ?l ha visto y copiado el original de una carta de Jes?s que se hallaba en los archivos de Edesa. Se trataba de la respuesta de Jes?s a la petici?n por escrito de un cierto Abgaro, se?or de un castillo, llevada por un mensajero llamado Anan?as al ?buen redentor, en Jerusal?n?, de que ?tenga a bien venir y curarle de su enfermedad?. En su contestaci?n, Jes?s alaba la fe de Abgaro pero le comunica que no puede ir porque antes tiene que cumplir aquello para lo que ha sido enviado. Pero despu?s ?contin?a? le enviar? a uno de sus disc?pulos que le curar? de su enfermedad y le aportar? la vida a ?l y a los suyos.

Strindberg a?ade que es completamente impensable que Eusebio, siendo como era hombre temeroso de Dios, se hubiese sacado todo aquello de la manga. Y sin embargo, la historiograf?a oficial ?sin dar las razones de ello? no considera v?lida su exposici?n.

Yo, personalmente, no he estudiado los escritos de San Eusebio, ni comprobado la indicaci?n de Strindberg, pero no veo ninguna raz?n para ponerla en duda.

Muchos a?os despu?s le? las visiones de Catalina de Emmerich (El c?rculo divino), que Clemens Von Brentano, en su calidad de m?dico de cabecera, le esribi? a la estigmatizada. En ellas se halla la descripci?n de la siguiente escena: la vidente se ve en una especie de cantera. Al fondo hay un estrado de madera sobre el que Jes?s est? en pie, hablando. Una inmensa y apretada multitud le escucha. Catalina observa a un mensajero, elegantemente vestido, que intenta en vano abrirse paso. Jes?s, que se da cuenta de ello, ordena a uno de sus disc?pulos que haga sitio a aquel hombre. ?ste entrega a Jes?s un rollo escrito, envuelto en una costosa tela, que contiene el ruego de un pr?ncipe no jud?o llamado Abgaro de que Jes?s tenga a bien ir a su casa para curarle. Jes?s lee la carta, le da la vuelta y escribe al dorso con un l?piz que saca de la pechera de su vestido (?Un tubo del que sale una mina!) una respuesta que en su contenido, y en parte tambi?n en la forma, coincide con la copia de San Eusebio mencionada por Strindberg. Catalina explica que ella pod?a ver al Se?or por encima del hombro mientras ?ste escrib?a y que as? pudo leerlo.

Mas la escena contin?a: el mensajero, pintor de profesi?n, tiene la orden de dibujar un retrato de Jes?s, pero, sin que ?l sepa por qu?, lo intenta una y otra vez sin conseguirlo. Jes?s lo advierte, ordena que traigan agua, se lava el rostro y lo seca con la costosa tela en que estaba envuelto el escrito. Ante el asombro del mensajero, aparece despu?s en el pa?o una imagen de Jes?s.

Al leer este pasaje me acord? de pronto otra vez del texto sobre Eusebio citado por Strindberg. Busqu? el Libro azul y compar?: no hab?a duda posible, se trataba de la misma carta, pero como en una versi?n algo cambiada o en otra traducci?n.

Hay que eliminar la posibilidad de que Catalina, que era una mujer sencilla y que incluso hablaba s?lo el dialecto de su tierra, hubiese le?do al padre de la Iglesia San Eusebio. Dicho sea de paso, ella tampoco menciona en ning?n oro lugar, que yo sepa, una carta de Jes?s; el pasaje referido es singular. Brentano era desde luego un hombre de gran cultura, pero no existe la menor prueba de que hubiese conocido los textos de San Eusebio. Adem?s, por las visiones de su paciente, de las que ?l era inmediato testigo, experiment? una honda conmoci?n religiosa. La suposici?n de que ?l intercalase por s? mismo el texto de la carta en el relato de Santa Catalina, me parece perfectamente descabellada.

Pasaron de nuevo unos a?os. Yo me ocupaba entonces con los escritos de Jakob Lorber, amigo de Franz Schubert y un personaje absolutamente asombroso. Era un modesto profesor de m?sica, en Graz, y toda la vida dese? ardientemente conseguir un puesto de maestro de capilla en Trieste, en aquella ?poca uno de los m?s importantes centros musicales. Un d?a, tras innumerables e infructuosas solicitudes, se cumpli? su deseo. Ya estaba a punto de hacer el traslado con mujer e hijos cuando de pronto escuch? una voz ?era el 15 de marzo de 1842? que se dio a conocer como la voz de Cristo. (?l la describe como una voz de tenor, clara y alta, que le hablaba desde la zona del coraz?n, tan fuerte y con tanta claridad que se asombraba todo el tiempo de que no fuese audible para los dem?s). La voz le orden?: ?Si?ntate y escribe?. Lorber dej? el traslado, renunci? al ansiado puesto de Trieste y a partir de aquel momento se denomin? a s? mismo ?el obediente siervo escribiente de Dios?. En los a?os que siguieron escribi? bajo ese dictado una cantidad verdaderamente asombrosa de libros, sobre todo religiosos, pero tambi?n de contenido secular. Los manuscritos son fluidos, escritos con apresuramiento, en una letra casi caligr?fica, y pr?cticamente sin correcciones. Contienen una pl?tora de informaciones sobre campos del saber de los que Lorber no ten?a antes la menor noticia, por ejemplo detalles del esoterismo jud?o o de hechos hist?ricos.

Al estudiar sus obras tropec? tambi?n con un breve volumen titulado Correspondencia de Jes?s. Se trata de siete cartas a un pr?ncipe llamado Abgaro. La primera de esas cartas coincide en el contenido y en parte otra vez en la forma con la copia de San Eusebio y con el informe de Santa Catalina escrito por Brentano.

Que Jakob Lorber hubiese podido, a trav?s de Schubert o de alguno de sus amigos rom?nticos, dar con las anotaciones de Brentano, es cosa bien improbable. No existe el m?s m?nimo dato que apoye tal suposici?n. Aparte de eso, no se ve muy bien por qu? uno de los personajes citados iba a llevar a cabo esa blasfema ?al menos para ?l? falsificaci?n, que sigue siendo desconocida hasta hoy. Si alguno de ellos hubiese perseguido una finalidad, cualquiera que fuere el g?nero de ?sta, seguro que se hubiese preocupado de que esa asombrosa coincidencia saliera a la luz p?blica. Pero parece evidente que ninguno de ellos se dio cuenta de ello, y que ninguna otra persona lo hab?a notado hasta ahora.

?Es todo ello, entonces, s?lo una asombrosa casualidad? ?El mismo nombre, el mensajero, la coincidencia en el contenido y parcialmente incluso en la forma? Es casi imposible.

Las cuestiones de si la carta de Jes?s de los archivos de Edesa, de que habla Eusebio, era aut?ntica; de si las visiones de Catalina de Emmerich son ?como dice ella? ?hist?ricas?; de si, finalmente, la voz a cuyo dictado escribi? Lorber era verdaderamente la voz de Cristo, no pueden ni deben ser aqu? objeto de discusi?n. Con los criterios habituales no se puede hallar una respuesta. Pero lo que puede comprobar cualquiera que quiera tomarse el trabajo es la igualdad de esos tres testimonios independientes que yo he encontrado.





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A n e x o
Este texto me record? algo, as? que buscando encontr? una copia de la carta de Abagar, rey de Edesa escrita y enviada a Jesucristo en Jerusal?n con el correo Anan?s, seg?n el Enchiridion del Papa? Leon III, escrito de 1740, que dice as?:


Abagar, hijo de The?pareo, rey de Edesa a Jes?s:

Ha llegado hasta nosotros la fama de vuestro nombre y las grandes maravillas que opera as? como igualmente las curaciones que hace sin el auxilio de medicamentos ni de hierbas salut?feras; se que vuestra sola palabra basta para devolver la vista a los ciegos y el o?do a sordos, que cur?is a los leprosos y arroj?is los esp?ritus inmundos y que devolv?is la salud a?n a aquellos que est?n alejados de vos, y que as? mismo tambi?n resucit?is a los muertos; el rumor de semejantes hechos me ha persuadido de que, o sois un Dios descendido del cielo,? o que sois el Hijo de Dios, pues de otro modo no se comprender?an semejantes maravillas; todo lo cual me ha decidido a escribiros, a fin de rogaros que teng?is la bondad de transportaros a este mi pa?s, y me devolv?is la salud que me ha quitado una larga enfermad, tambi?n he sabido que los Jud?os est?n irritados contra vos y que os tienden emboscadas, venid hacia mi; mi ciudad es poco considerable; pero esta bien provista y es bastante fuerte para conservaros; y yo? yo os saludo y me encomiendo a vos.




Respuesta de Jesucristo al Rey Abagar contestando a su carta

Eres feliz, ?Rey Abagar! Porque has cre?do en mi sin verme, cuando hay muchos que habiendo visto mis obras no me han cre?do, tu ser?s recompensando porque tienes fe, no puedo ir a vuestro lado porque tengo que cumplir una misi?n triste y grande a un mismo tiempo, la cual me ha sido impuesta por la voluntad de Dios.

Os env?o esta carta con un disc?pulo Tadeo, el cual os lleva a la vez mi bendici?n y la salud que necesit?is

La raz?n de escribir esta carta por mi propia mano, es a fin de que dondequiera que os hall?is, ya se en vuestra cama, sea en el mar o en el r?o, en batalla contra los paganos, o en cualquier lugar que sea, vuestros enemigos o adversarios no tengan ning?n poder sobre vos y no teng?is que temer a las emboscadas, al demonio ni a los esp?ritus inmundos, y para que ni el rayo ni las tempestades os causen da?o alguno, siempre que llev?is sobre vuestra persona con devoci?n esta misiva. Yo os amo ?oh Abgar! Y os prometo la salvaci?n. Que la paz de Dios sea siempre con vos.


Cuando Abgar hubo recibido esta carta la ley? con lagrimas en los ojos y exclamo: ?Oh, Jesucristo, Hijo de Dios vivo! Todopoderoso, lleno de misericordia, sedme propicio en todo, en el nombre de la Sant?sima Trinidad, el Padre, el Hijo y el Esp?ritu Santo.
Am?n

Y ?oh maravilla! En el momento en que termin? esta plegaria qued? completamente bueno y sano de todos sus problemas y enfermedades, recibiendo consuelo verdaderamente celestial y divino




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