Texto: Michael Ende en El espejo en el espejo y Carpeta de Apuntes. Eliphas Levi en Dogma y Ritual de la Alta Magia
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Michael Ende sentía fascinación por la figura del Pagad, al grado que el 12 de junio de 1985 junto con otros escritores, artistas y gente que gustaba de la literatura formaron un grupo literario llamado Der Pagat (El Pagad). Este personaje también llamado el Mago o el Batelero, es la primera carta del Tarot; cuyos brazos y cuerpo forman la letra aleph

, representando así al ser, el espíritu, el Hombre o Dios. En palabras de Ende: es el uno, es el número mayor, es la unidad inconcebible de todo, encierra en sí todas las oposiciones, es impronunciable o mejor dicho, es una consonante inaudible.
El Pagad lleva alrededor de la cabeza un nimbo en forma de

, símbolo de la vida y el espíritu universal. Ante el están las espadas, las copas, los pantáculos y eleva hacia el cielo la varita milagrosa.
Para el escritor, este personaje es el artista por excelencia y tiene un significado dual, por una parte es un prestidigitador que representa el elemento lúdico del arte, por otra, un mago, aquel que crea con palabras. Mientras el prestidigitador es un facilitador, el mago es un creador y ambos aspectos van unidos en la figura del Pagad quien mediante su arte logra ”jugar y crear un nuevo mundo habitable”
Ende muestra claramente esta figura en un poema homónimo compilado en Carpeta de Apuntes, así como en un relato de El espejo en el espejo, jugando además con su propio nombre:
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El Pagad
¿Quién te llamó para heredar el sello?
Te revolverás ahora en las tinieblas
Y suspirando por adquirir una luz
Habrás de ensordecer, enmudecer, enceguecer.
El inicio del saber se llama: morir
El final: desaparecer en la luz.
¿El báculo quieres llevar delante de otros?
Anda errante, entonces, despojado de todos los dones
Por la infinita senda de meandros,
Enterrados en laberintos de rocas.
El comienzo del querer se llama: caminar.
El final: poseer el amor.
¿La llameante espada quieres ceñir?
El infierno se burla de tu intención
De sazonar con horror la sangre de tu corazón
En vano quieres huir del precipicio.
Empezar a atreverse se llama: caer.
El final: la plenitud de la vida.
¡Maldito sea desde ahora el vacilar!
¡Toma con tu mano derecha el cáliz!
Esa bebida no te hará hablar nunca más;
Pues Dios exige siervos silenciosos.
El inicio del silencio se llama: estremecerse.
El final: el poder de todos los poderes.
¡Cabalga ahora en unicornio y dragón
Y cuando hayas vencido a la esfinge,
Ataca osadamente en la garganta a la serpiente,
Para sanar con el mortal veneno.
El inicio de la libertad se llama: reir.
El final nunca se encontrará.
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Sobre el escenario en la penumbra hay un hombre que lleva un sombrero grande y extraño [
]. Con la mano izquierda señala hacia arriba y con la derecha hacia abajo [
], así permanece un ratito sin moverse.
Después se dirige de pronto al proscenio, se quita el sombrero y se inclina profundamente, casi hasta el suelo, delante del niño del último banco.
- Gracias –dice-, lo ha hecho muy bien.
- ¿Quién eres tú? –pregunta el niño.
- El Pagad –contesta el hombre sentándose en el borde del proscenio y columpia las piernas.
- ¿Y qué eres? –pregunta el niño.
- Un mago –responde el hombre- y un prestidigitador. Ambas cosas.
- ¿Y cómo te llamas? –quiere saber el niño.
- Tengo muchos nombres –contesta el Pagad-, pero al principio me llamó Final.
- Es un nombre raro –opina, riéndose el niño.
- Sí -dice el Pagad-, ¿Y tú como te llamas?
- Yo solo me llamo Niño –dice, turbado, el niño.
***
- ¿Dónde vives? –inquiere el Pagad.
- No se puede vivir ya en ninguna parte –contesta el niño-. Yo, en todo caso, no puedo.
- Entonces yo tampoco –opinas el Pagad pensativo - ¿Qué hacemos?
- Podríamos irnos juntos –propone el niño- y buscar un mundo nuevo, donde podamos vivir los dos.
- ¡Buena idea! –dice el Pagad poniéndose su sombrero grande y extraño-. Y si no lo encontramos, inventamos uno.
- ¿Es que tu puedes?- pregunta el niño.
- No lo he intentado aún –responde el Pagad-, pero si tu me ayudas … Por cierto, encuentro que deberías tener un nombre de verdad. Te llamaré Michael.
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