Texto: Michael Ende
Imagen: Bien y Mal de Octavio Ocampo
Sobre el mal en la literatura (por ejemplo, en Baudelaire, Poe,Lautréamont, Jean Genet, etcétera) y el mal en la realidad de la vida (IlseKoch, Ecchmann, Beria, Lumumba, asesino de niños y violadores)
En la literatura sublime, el malsuele ser fascinante, o al menos interesante, Ricardo III tiene un resplandorluciferino que nos fuerza a admirarle, su falta de escrúpulos, capaz de todo,es grandiosa. Mefisto es simplementeel papel de más efecto del Fausto, y elInfierno de Dante se lee con másinterés que el Paraíso. El bienaparece por lo general en la literatura como lo ingenuo, inofensivo, muchasveces hasta como un poco aburrido.
En la realidad de la vida –me atrevoa afirmar de un modo muy general-, el mal es siempre pequeño, vil, ordinario,cobarde, despreciable, en último término hasta monótono y siempre igual a símismo. El bien es por el contrario infinitamente multiforme (nihil ploriformius est amore), grandioso,creativo, asombroso, misterioso.
La representación del mal no essiempre mala, del mismo modo que la representación de lo bueno y santo no essiempre buena y santa, esto es naturalmente una perogrullada, sin embargoparece necesario, recordarlo otra vez, los criterios de lo artístico o poéticono tienen nada que ver con categorías morales, por eso, en tiempos de una mayorseguridad instintiva se separaba, mediante un marco, una peana o una rampa, elmundo de lo representado del mundo de la realidad de la vida: con razón. Hoy setiende cada vez mas a entremezclar los niveles, hay representaciones de lo obscenoque son en sí mismas obscenas, representaciones de lo repugnante que sonrepugnantes, representaciones de lo cruel que son crueles: y en todas esasobras, los autores suelen remitirse a la realidad de la vida y a su propiaveracidad.
Esta fundamental diferencia devalores ha causado mucha confusión en ciertas mentes semicultas, que siempredesean poner todo bajo un denominador comun lo que en el campo de loimaginario, de la poesía, del arte, está justificado, es incluso necesario, nopuede ni debe ser traspuesto de modo inmediato a la realidad de la vida, yviceversa, cuando no se percibe esa frontera, por estupidez, o se la traspasaconscientemente, con fines de agitación, sucede lo contrario de lo quesupuestamente se quería: el arte y la poesía no tienen el efecto de ser másverdaderos, de acercarse mas a la vida, sino que la realidad de la vida sevuelve más imaginaria.
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