Vida y obra de Michael Ende, escritor alemán de la postguerra, nacido en Garmisch-Partenkirchen, Alemania, el 12 de Noviembre de 1929 y muerto el 28 de Agosto de 1995 en Stuttgart, Alemania a la edad de sesenta y cinco años
Nada sobre la tierra resiste a una voluntad razonable y libre, cuando el sabio dice: Yo quiero, es el mismo Dios quien quierey todo cuanto ordena se realiza
E l i p h a s L e v i
Es bien conocido el pasaje de La historia interminable en dondeBastian y Graógraman hablan sobre la naturaleza de los deseos y lavoluntad, menos conocido el diálogo de Ajasver Tubal y Cyril Abercomby en La prisión de la libertad o las enseñanzas de Rosamarino Silber en La escuela de magia;pero los tres fragmentos tratan de lo mismo, un tema que sin duda era de los predilectos de Michael Ende, y que leídos en conjunto puedenresultar más esclarecedores. Copio textual los párrafos:
La historia interminable La prisión de la libertad La escuela de magia
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-Loque no entiendo es otra cosa -trató de explicar Bastián-. ¿Todo estáahí sólo cuando yo lo deseo? ¿O estaba ya antes y únicamente lo adivinode algún modo? -Las dos cosas -dijo Graógraman. -Pero, ¿cómo puede ser? -exclamó Bastián casi con impaciencia-. Túllevas ya quién sabe cuánto tiempo aquí, en el Desierto de Colores deGoab. La habitación de tu palacio me esperaba desde siempre. Sikanda,la espada, me estaba destinada desde tiempo inmemorial... ¡Tú mismo lohas dicho! -Así es, señor. -Pero yo... ¡yo estoy sólo desde ayer por la noche en Fantasía! ¡Por lotanto, no es verdad que todo exista sólo desde que estoy aquí! -Señor -respondió el león serenamente- ¿no sabes que Fantasia es elreino de las historias? Una historia puede ser nueva y, sin embargo,hablar de tiempos remotos. El pasado surge con ella.
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-Había un hombre -comenzó al fin- (quizá habéis oído hablar de él) que hace unos años descubrió las ruinas de la antigua Troya. -¿Os referís a Schliemann? -Sí, me refiero a él, ése era su nombre. ¿Creéis que fue Troya lo quedescubrió? ¿Por qué era Troya? Porque la buscó allí, como los cazadoresque persiguen al ciervo. Por eso Troya estaba allí. ¿Comprendéis lo quequiero decir? -No estoy seguro -Contestó Cyril-. ¿Tratáis de decir que antes no había nada allí?
De nuevo Tubal sacudió su gran cabeza y chasqueó la lengua. -¿Por qué no comprendéis? Como la encontró, estuvo siempre allí.
Hubo un silencio; luego el viejo emitió un sonido ronco que podía ser una ahogada carcajada. -De este modo los hombres encuentran todo: los huesos de monstruosprehistóricos y de animales-hombre. ¿Por qué? Porque buscan. Y así hancreado el mundo, pieza por pieza, y dicen que ha sido Dios. Pero miradqué mundo han hecho, lleno de espejismos y contradicciones, de crueldady violencia, de avaricia y sufrimiento, sin sentido en lo grande y enlo pequeño. Y decidme: ¿cómo va a haber creado Dios, al que llamanjusto y santo, tanta imperfección? El hombre es el creador de todo y nolo sabe. No quiere saberlo porque tiene miedo de sí mismo, y con razón.Tampoco Colón, cuando descubrió el Nuevo Mundo, quería creer que lohabía creado él a través de su búsqueda, pues pensaba en buscar otracosa.
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-¿Qué significa? -preguntó-. «HAZ LO QUE QUIERAS.» Eso quiere decir que puedo hacer lo que me dé la gana, ¿no crees? El rostro de Graógraman pareció de pronto terriblemente serio y sus ojos comenzaron a arder. -No -dijo con voz profunda y retumbante-. Quiere decir que debes hacer tu Verdadera Voluntad. Y no hay nada más difícil. -¿Mi Verdadera Voluntad? -repitió Bastián impresionado-. ¿Qué es eso? -Es tu secreto más profundo, que no conoces. -¿Cómo puedo descubrirlo entonces? -Siguiendo el camino de los deseos, de uno a otro, hasta llegar al último. Ese camino te conducirá a tu Verdadera Voluntad. -No me parece muy difícil -opinó Bastián. -Es el más peligroso de todos los caminos -dijo el león. -¿Por qué? -preguntó Bastián-. Yo no tengo miedo. -No se trata de eso -retumbó Graógraman-. Ese camino exige la mayorautenticidad y atención, porque en ningún otro es tan fácil perdersepara siempre.
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-Precisamente por eso es por lo que os hablaba de los verdaderos deseos-explicó el señor Silber-, pues solamente puede encontrarlos quien vivesu verdadera historia. - ¿Su propia historia? -preguntó Mali- ¿Es que cada uno tiene una? - Aquí está el meollo de la cuestión, a lo que yo quería llegar:No,cada uno no, ni mucho menos -respondió suspirando el profesor-, aunqueaquí, en Deseolandia, salimos relativamente bien parados. Pero fuera deaquí, en el mundo cotidiano, la mayoría de la gente jamás vive supropia historia. Tampoco le conceden ninguna importancia a eso. Lo quehacen y lo que les ocurre lo podría hacer cualquier otro y le podríaocurrir a cualquier otro ¿No es así? -dijo volviendo su mirada haciamí, que estaba en el último banco. Asentí, sorprendido, y me puse un poco colorado. -Ypor eso -añadió el señor Silber retomando su discurso- jamás se lesocurre descubrir sus verdaderos deseos. La mayoría de la gente solocree saber lo que desea. Uno piensa, por ejemplo, que le gustaría serun médico famoso, o profesor de universidad, o ministro, pero suverdadero deseo, que él no conoce en absoluto, es ser un simple y buenjardinero. Otro piensa que le gustaría ser rico o poderoso, pero suverdadero deseo es ser payaso de circo. Mucha gente piensa, también,que desearía de verdad que a todos los seres humanos del mundo lesfuera bien, que todos pudieran ser felices y vivir contentos, que todosfueran amables con los demás, que triunfara la verdad y reinara lapaz... Muchos de ellos se asombrarían si conocieran sus verdaderosdeseos. Sólo creen que desean todo eso porque les gustaría verse a símismos como personas virtuosas o buenas. Pero el que de verdad lesguste no significa obligatoriamente que lo deseen de verdad. Sus deseosreales se orientan a menudo hacia otras cosas completamente distintas;incluso a veces justamente hacia lo contrario. Por eso jamás están realy completamente de acuerdo consigo mismos. Y como los deseos ajenos sonde historias ajenas, ellos jamás viven su propia historia. Y por eso,naturalmente tampoco pueden hacer magia.
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-Y ahora -prosiguió el señor Silber- os voy a enseñar la primera y más importante regla de la capacidad de desear: Se levantó y escribió en la pizarra: 1. Sólo puedes desear realmente aquello que consideras posible. 2. Sólo puedes considerar posible aquello que forma parte de tu historia. 3. Sólo forma parte de tu historia aquello que verdaderamente deseas.