viernes, 20 de marzo de 2009

Texto: Michael Ende

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Érase una vez, hace mucho, muchotiempo, un niño que jugaba cada día con la muerte, pues aún no tenía a nadiemás con quien jugar. Y la muerte era cariñosa con él y no le hacía nada malo,sino que muchas veces le traía de los mundos superiores donde vivía los máslindos regalos. El niño tampoco le tenía miedo a la muerte, pues todavía nohabía abierto sus ojos terrenales. Y no le hacía falta, pues él sabía ver pordentro, con el corazón, y allí, su amiga tenía un aspecto maravilloso, radiantede luz.  

Pero en la pared de la casa dondevivía el niño había un espejo, y éste sentía envidia de tal amistad. Quería queel niño sólo tuviese ojos para él, pues al fin y al cabo para eso estaba élallí. ¿Qué es un espejo al que nadie mira?.

Un día, la muerte le trajo alniño una fulgurante corona. El niño se puso muy contento y cuando se marchó lamuerte, se paseaba por la estancia con la corona en la cabeza. Y he aquí que elespejo gritó:

¡Los ojos, niño, deprisa abrirás!

¡Lo que trajo la muerte has de mirar!

 
Pero el niño no hizo lo que queríael espejo, pues la muerte le había advertido que no le prestara atención.

En otra ocasión, la muerte leregaló un hermoso cetro real, de plata. Cuando estuvo solo, el niño jugaba conél y era feliz. Y otra vez exclamó el espejo:

 ¡Los ojos, niño, deprisa abrirás!

Pues yo te estoy mostrando la verdad.

 
Pero el niño, no hizo como leaconsejaba el espejo.

Una vez más, algún tiempodespués, la muerte le trajo un regalo al niño: un precioso par de zapatos rojosque podía llevar siempre y que nunca se desgastarían. El niño bailó con ellosen la habitación, y el espejp exclamó:

¡Del oscuro poder te has de guardar

pues si no la muerte te aniquilará!

 
El niño entonces empezó a tenerun poc de miedo y pensó: una mirada no puede hacer daño. Y abrió los ojos y semiró al espejo. Y el espejo le mostró su verdad: que la resplandeciente coronaestaba hecha de cardos y espinas secas, y que el cetro de plata no era otracosa que un descolorido huesecillo y los zapatos rojos dos malos pucheros debarro.

Y cuando el niño se vió a símismo en el espejo, descubrió, tras su rosadas mejillas, una putrefactacalavera que le miraba con una espantosa sonrisa. Y de pura tristeza y horror,al niño se le paró el corazón.

Desde entonces, la muerte semueve entre los hijos de los hombres y les va cerrando los ojos para queaprendan de nuevo a mirar por dentro.

Y en cuanto a los espejos, hayque taparlos cuando ella llega.

Éste es el cuento de las dosvisiones.

 


Tags: michaelende, muerte, espejo, carpeta

Publicado por PRK @ 14:17  | Carpeta de apuntes
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