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El Romanticismo es un movimiento cultural y político originado en Alemania y en el Reino Unido a finales del siglo XVIII como una reacción revolucionaria contra el racionalismo de la Ilustración y el Clasicismo, dándole importancia al sentimiento. Su característica fundamental es la ruptura con la tradición clasicista basada en un conjunto de reglas estereotipadas. La libertad auténtica es su búsqueda constante, por eso es que su rasgo revolucionario es incuestionable. Debido a que el romanticismo es una manera de sentir y concebir la naturaleza, la vida y al hombre mismo es que se presenta de manera distinta y particular en cada país donde se desarrolla; incluso dentro de una misma nación se desarrollan distintas tendencias proyectándose también en todas las artes.
Favorecía, ante todo la conciencia del Yo como entidad autónoma y fantástica; la primacía del Genio creador de un Universo propio; la supremacía del sentimiento frente a la razón neoclásica; la fuerte tendencia nacionalista; el liberalismo frente al despotismo ilustrado; la originalidad frente a la tradición clasicista; la creatividad frente a la imitación neoclásica; la obra imperfecta, inacabada y abierta frente a la obra perfecta, concluida y cerrada.
El romanticismo alemán es el grado más alto que alcanzó el romanticismo en alguna región del mundo y es a la vez manifestación espiritual (geist) del pueblo alemán y la región pangermánica. En el romanticismo alemán —como en el romanticismo en general— prima el sentimiento sobre la racionalidad y la técnica. El espíritu y el sentido de la vida a través de la libertad sentaron a fines del siglo XVIII las bases del arte alemán.
Primer romanticismo (Frühromantik)
Goethe es la piedra fundacional del romanticismo alemán y uno de los grandes genios de la literatura universal. Sus primeras obras están vinculadas al movimiento Sturn und Drang. Tras un viaje a Italia, sin embargo, adoptó un estilo más clásico, sin renunciar a los temas románticos. Junto a Friedrich Schiller y el grupo llamado "los románticos alemanes" (Novalis, Hoffmann y Friedrich Hölderlin) formaron una corriente mística y centrada en las bases históricas (Geschichte) del pueblo (volk) opuesta al estratificado ideal francés. Se destacan tres puntos fundamentales:
* Oposición al clasicismo y a la racionalidad.
* Arte basado en la libertad, el sentimiento y la espontaneidad.
* Recuperación del espíritu originario del pueblo pangermánico.
Pero éste no era su contrapunto; más bien era el Aufklärung (racionalismo iluminista) lo que los románticos alemanes sentían necesidad de superar. La gran obra de este período es a todas luces el Fausto de Goethe; largo y complejo poema dramático de tema filosófico, publicado en dos partes.
Segundo romanticismo (jüngere Romantik)
En esta etapa del romanticismo alemán se producen los mayores clásicos universales, presentes mayormente en cuentos infantiles. Clave en esto serían los hermanos Grimm, Wilhelm y E.T.A. Hoffmann que producirían creaciones tales como Cascanueces, El lobo y las siete cabritas, los músicos de Bremen, Blancanieves y los siete enanitos, y La Cenicienta entre otros.
La narración fantástica se convierte en uno de los géneros preferidos del Romanticismo, con su mezcla de terror y horror. E.T.A. Hoffmann (1776-1822) confunde los límites entre realidad y fantasía en sus cuentos fantásticos como Piezas de fantasía, El elixir del diablo, Opiniones sobre la vida del gato Murr o Cascanueces y el rey de las ratas. Adalbert von Chamisso de Boncourt (1781-1838) escribe La maravillosa historia de Peter Schlemnihl, en la que un hombre vende su sombra al diablo.
Entre los románticos tardíos destaca Heinrich Heine (1797-1856). Judío exiliado de Alemania, cantó su relación de amor y odio con su patria en el largo poema satírico Alemania, un cuento de invierno. Su libro de canciones se hizo muy popular, pero es sobre todo un gran prosista: se ganaba la vida con crónicas periodísticas de ternas sociopoliticos.