
Texto: Michael Ende en Carpeta de apuntes 
Imagen: ---
A través del país
de los cráteres de obuses y de espesas lagunas de sangre,
de allí vapores corrosivos
avanzan sobre la tierra…
del hundimiento de inmensas ciudades,
lo más grande que hiciera la mano del hombre,
Babilonia, Chicago en llamas, Roma…
en aquel tiempo,
en que caravanas sin fin de seres perturbados
avanzan por la niebla de la tierra virulenta
hacia delante, hacia atrás y en redondo,
llevando mesas consigo hacia el más allá
donde ya no hacen falta mesas,
pasando junto a esqueletos de caballos y coches…
A través del silencio
en el que desde ahora ya nada es inocente,
ningún cubo de basura delante de la casa,
ninguna palabra murmurada por la noche al oído,
ningún paso que resuene en la calle,
pues todos llevan siempre a hombros
con ellos, trabajosamente, a un gigante:
la propia trascendencia
a la luz de la inmediata eternidad…
En el último crepúsculo
avanza un solemne desfile
de elevadas figuras
ahora por el agreste terreno
de un jardín de maligna elegancia.
Entre flores llenas de fantásticos venenos,
lenta, solemne, un paso ahora y otro de nuevo,
se mueve una procesión
bajo palios vacilantes,
terciopelos dorados que han perdido el color,
desgarrados ornamentos de perlas:
Treinta demonios
esplendidos, bellos y peligrosos,
llevan en hombros de cobre
el lecho, en que reposa Armida,
envuelta en música oscura y embriagante.
¡Armida, hija del eclipse de sol!
¡Centro inmóvil de la demencia en incesante giro!
¡Oh, el cuerpo avioletado de esa mujer de muerte!
¡Pequeña guadaña de sombras bajo los pechos,
Delicada y azul como la luna de su estandarte!
¡Oh, esa sonrisa dulce y atroz,
Como el pinchazo al toxicómano!
¡Pálida piel, cubierta de alhajas,
Atrayente, desnuda y destruida!
¡Oh, la tumba de reyes, borrada por la arena, de su rostro!
Belleza de las últimas horas que se llevó el tiempo,
arrebol vespertino de todos los días
en la brasa escarlata de su cabello,
ahora, el telón ya ha caído
sobre el horrible espectáculo del género humano,
¡Ya está aquí la desdicha y el desastre
es ya tan perfecto!
¡Escucha! Por la escalera de la casa acribillada
suben chirriantes los pasos de los portadores,
bajo las suelas trozos de vidrios multicolores
y de muros que saltaron por el aire
subiendo tambien las gradas
que ya no son sin vacío,
paso a paso, avanza solemne
la procesión con la dulce y mortal carga,
se acerca a esa estancia en que ya sólo queda
una mesa, una cama, una botella, un miembro,
en que el estudiante de la muerte
se sopla en los fríos dedos,
se golpea a sí mismo inutilmente,
para calentarse el corazón, en que hay poesías
espléndidas y rígidas como faisanes en la nevera.
¡Míralo, florece ahora por doquier una jungla ardiente,
silencioso mar profundo, vetusto veneta,
palacio devorado por los corales!
sin techo y lleno de estrellas
la estancia se eleva girando sobre columnas de cristal.
Toda putrefacción
se convierte en calados brocados,
en seda deshecha, indescifrables
un lecho precioso, podrido,
para la locura de sus cuerpos.