lunes, 22 de septiembre de 2008

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Texto: Michael Ende en Carpeta de apuntes

Imagen: ---

 

 

 

A través del país

de los cráteres de obuses y de espesas lagunas de sangre,

de allí vapores corrosivos

avanzan sobre la tierra…

del hundimiento de inmensas ciudades,

lo más grande que hiciera la mano del hombre,

Babilonia, Chicago en llamas, Roma…

en aquel tiempo,

en que caravanas sin fin de seres perturbados

avanzan por la niebla de la tierra virulenta

hacia delante, hacia atrás y en redondo,

llevando mesas consigo hacia el más allá

donde ya no hacen falta mesas,

pasando junto a esqueletos de caballos y coches…

 

A través del silencio

en el que desde ahora ya nada es inocente,

ningún cubo de basura delante de la casa,

ninguna palabra murmurada por la noche al oído,

ningún paso que resuene en la calle,

pues todos llevan siempre a hombros

con ellos, trabajosamente, a un gigante:

la propia trascendencia

a la luz de la inmediata eternidad…

 

En el último crepúsculo

avanza un solemne desfile

de elevadas figuras

ahora por el agreste terreno

de un jardín de maligna elegancia.

Entre flores llenas de fantásticos venenos,

lenta, solemne, un paso ahora y otro de nuevo,

se mueve una procesión

bajo palios vacilantes,

terciopelos dorados que han perdido el color,

desgarrados ornamentos de perlas:

 

Treinta demonios

esplendidos, bellos y peligrosos,

llevan en hombros de cobre

el lecho, en que reposa Armida,

envuelta en música oscura y embriagante.

 

¡Armida, hija del eclipse de sol!

¡Centro inmóvil de la demencia en incesante giro!

¡Oh, el cuerpo avioletado de esa mujer de muerte!

¡Pequeña guadaña de sombras bajo los pechos,

Delicada y azul como la luna de su estandarte!

¡Oh, esa sonrisa dulce y atroz,

Como el pinchazo al toxicómano!

¡Pálida piel, cubierta de alhajas,

Atrayente, desnuda y destruida!

 

¡Oh, la tumba de reyes, borrada por la arena, de su rostro!

Belleza de las últimas horas que se llevó el tiempo,

arrebol vespertino de todos los días

en la brasa escarlata de su cabello,

ahora, el telón ya ha caído

sobre el horrible espectáculo del género humano,

¡Ya está aquí la desdicha y el desastre

es ya tan perfecto!

 

¡Escucha! Por la escalera de la casa acribillada

suben chirriantes los pasos de los portadores,

bajo las suelas trozos de vidrios multicolores

y de muros que saltaron por el aire

subiendo tambien las gradas

que ya no son sin vacío,

paso a paso, avanza solemne

la procesión con la dulce y mortal carga,

se acerca a esa estancia en que ya sólo queda

una mesa, una cama, una botella, un miembro,

en que el estudiante de la muerte

se sopla en los fríos dedos,

se golpea a sí mismo inutilmente,

para calentarse el corazón, en que hay poesías

espléndidas y rígidas como faisanes en la nevera.

 

¡Míralo, florece ahora por doquier una jungla ardiente,

silencioso mar profundo, vetusto veneta,

palacio devorado por los corales!

sin techo y lleno de estrellas

la estancia se eleva girando sobre columnas de cristal.

 

Toda putrefacción

se convierte en calados brocados,

en seda deshecha, indescifrables

un lecho precioso, podrido,

para la locura de sus cuerpos.


Publicado por PRK @ 13:13  | Carpeta de apuntes
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