jueves, 16 de mayo de 2013

Había salido la luna llena y su luz plateada inundaba las calles y las plazas de la ciudad de Ping. En la torre del palacio sonaban graves y profundos golpes de gong; sonaban y volvían a sonar.

— Es la llamada Jau, la hora de los grillos —dijo Ping Pong—. Es la hora en que a todos los niños de China se les da el biberón de [...]


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Los dos amigos estuvieron todo el día dando vueltas por la ciudad. El sol se había puesto ya en el horizonte y los tejados comenzaron a brillar a la luz del atardecer.

En las callejuelas, donde empezaba a anochecer, los chinos encendían farolillos de colores para que alumbraran. Los llevaban colgados de largas cañas; los c [...]


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En Ping había una enorme cantidad de personas y todas ellas eran chinas. Jim, que no había visto nunca a tanta gente de una vez, sintió una inquietud misteriosa. Todos eran de ojos rasgados, tenían trenza y llevaban grandes sombreros redondos.

Cada chino llevaba a otro chino más pequeño de la mano. Éste llevaba de la mano [...]


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El viaje continuó sin incidentes dignos de mención. Por suerte el tiempo fue bueno. Una brisa ligera y suave hinchaba de día y de noche la vela y permitió que Emma avanzara tranquilamente.

— Me gustaría saber —dijo Jim una vez más, pensativo— hacia dónde vamos.
—No te preocupes —contestó Lucas, confiado— . Sencillamente, nos dej [...]


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jueves, 09 de mayo de 2013

La cena había terminado. Jim bostezaba como si estuviera muy cansado y decía que quería acostarse en seguida. La señora Quée estaba algo sorprendida. Normalmente le costaba mucho convencer a Jim para que se acostara, pero pensó que se iba volviendo obediente. Cuando Jim ya estaba en la cama entró como cada noche, le tapó, le dio un beso y salió de la habitación des [...]


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Pasaron los años y Jim era ya casi un medio súbdito. En cualquier otro país hubiera tenido que ir a la escuela para aprender a leer, a escribir, a hacer cuentas, pero en Lummerland no había ninguna escuela. Y como no había ninguna escuela nadie pensaba en que Jim era ya lo bastante mayor para aprender a leer, a escribir y a contar.

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Un hermoso día llegó a la playa de Lummerland el barco correo y el cartero saltó a tierra con un gran paquete debajo del brazo.

— ¿Vive aquí una tal señora Maldiente o algo parecido? —preguntó poniendo una cara de circunstancias como no hacía nunca cuando traía el correo.

[...]
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